Tal como lo hicimos con la entrevista al Decano, hemos realizado la entrevista colectiva al presidente del CECSo 2008, Luis Silva.
Al igual que la vez anterior, las preguntas fueron recopiladas desde la propia comunidad socialina. Nuestro objetivo es que la información fluya, con el propósito de que todo el mundo se forme su propia opinión y pueda juzgar el desempeño de sus autoridades, ya sean estudiantes o académicos.
Cabe decir que el titular de la entrevista está en sintonía con la entrevista realizada al decano, pues es la respuesta directa a lo que éste dijo en esa oportunidad. Dejamos a su dispoción el link de esta entrevista para quien quiera leerla: entrevista al decano
Además hemos habilitado un espacio de discusion: para que las ideas fluyan!
Esperando que nuestro trabajo les sea de utilidad.
Se despide atentamente
Equipo Wikisociales
Lunes, 20 octubre 2008
Cuando asumimos como Centro de Estudiantes, y al empezar a trabajar alrededor de Enero, ya planteábamos el escenario conflictivo que iba a ser este año. Ya en Enero nos juntamos con otros Centros de Estudiantes y dirigentes del Campus, e incluso en esos primeros análisis salió la posibilidad de que la única medida que podría hacer que el proyecto saliera como teníamos pensado era una toma de Campus. Después de eso, que era un análisis preliminar, recabamos información, mientras teníamos participación en la primera CGA, a la cual asistía la Úrsula (N. de R: Úrsula Schüler, Vicepresidenta FECH) por la Federación, yo y el Emilio (N. de R: Emilio Echeverría, Concejero de Filosofía) como representantes del Campus y dimos la discusión sobre los puntos conflictivos que eran: endeudamiento, convenios de desempeño, la participación de los estudiantes, y la poca información que se tenía. Hasta que rompimos con ella porque no se escuchaban las propuestas que hacíamos como estudiantes, tanto a nivel de Federación como de Centros de Estudiantes. Hicimos múltiples estrategias, discusiones masivas en los estudiantes y actividades con los otros estamentos, particularmente con los funcionarios por el tema de sus remuneraciones, y porque en nuestro programa estaba realizar un trabajo más cercano con ellos a partir del concepto de comunidad.
En eso se fueron dando las condiciones, además había problemas en el Campus, ya que los decanos no se ponían de acuerdo con la repartición de las platas. Ante eso, inventaron una estrategia que era endeudar las facultades para concentrar todo lo que era común en el Proyecto propiamente tal, y lo que no era común se iba a deuda de la Facultad, así evitaban las peleas.
Entonces nosotros diagnosticábamos que en algún momento esto iba a estallar. Desde el 2006 ese era el diagnóstico de todo el Campus, y nosotros también teníamos un conflicto porque en primera instancia había solo un participante que era Giorgio Boccardo, y como sabrán en el Campus siempre ha habido una reticencia a la Federación y un conflicto por eso; entonces ahí buscamos más estudiantes representativos, lo que generó conflicto en la comisión pues no querían integrar más, entonces ahí fueron los primeros encontrones. El 2007 también fue casi puro conflicto, hasta que en el 2º semestre el proyecto se cayó solo.
Se habían acumulado muchas discusiones, sobretodo en Sociales. Llegó un momento en que cambiamos la estrategia, y no solo por decisión del Centro de Estudiantes, si no a partir de un diagnóstico acerca del ambiente de la Facultad, sobretodo después del claustro que se realizó. Veníamos discutiendo este tema desde el 2006, y ahora llegaba un punto en que sobrevinieron las discusiones respecto a los métodos que teníamos que seguir ahora en adelante, cosa que también se iba viendo en otras facultades. Y así fue como decidimos plantear la alternativa de paralizar las actividades debido a que se había roto el diálogo en la facultad. La disyuntiva entonces estaba entre paralizar o irse a toma, incluso dentro del mismo Centro de Estudiantes hubo una discusión, pensando en que las cosas podían resolverse de otra manera, pero concluyendo que el diálogo, al menos en Sociales, se había vuelto infructuoso: por ejemplo la consulta triestamental se le presentó a las autoridades y ni siquiera fue analizada. Entonces el análisis del Centro de Estudiantes era que la única forma de lograr los objetivos que teníamos era que ejerciéramos una presión efectiva, ya que si ya llevábamos tres años discutiendo sin una solución concreta, este era el momento, el momento decisivo.
Es así como llega el día en que hacemos la asamblea, en la cual se juntaron alrededor de 300 personas, y en esas condiciones empezaron a salir las palabras de toma de Facultad, viendo que eso significaba que había que impulsar la toma de Campus. Planteamos que teníamos que llamar a votar a los cursos, como es la política habitual, pero la misma asamblea decidió que había quórum suficiente, y se votó en un 90% la toma de Facultad. Las votaciones nunca bajaron del 82% a favor de la toma.
Tomarse la Facultad significaba impulsar el tema con el Campus, porque el Decano por si solo no iba a solucionar los problemas del convenio de desempeño ni el endeudamiento ni menos la mercantilización de la educación de la cual este es un ejemplo más. Pasaron alrededor de tres días en que se tuvieron conversaciones más formales hasta que llegó el día en que todas las facultades votaron el movilizarse: todos los centros de estudiantes llaman a Sociales para que vayamos a agitar, a explicar por qué estamos en toma. Y se llega en el ambiente álgido, mezclado con lo de la LGE, a la toma generalizada de Campus. Se toman dos facultades y el efecto dominó sigue.
Ese era el momento decisivo, porque en principio el Proyecto se firmaba con el Gobierno el 15 de Abril. Hoy día todavía no se firma, de hecho están recién construyendo los indicadores para poder firmarlo. Pregunté si estaba en riesgo el tema del proyecto, y me dijeron que no, que con el tema del presupuesto nacional no había problema, era un tema en el que se estaban analizando los indicadores y que había cuestionamientos a lo que era el Proyecto Bicentenario. O sea, la crítica que le hacíamos al principio de la autonomía que tenía el Bicentenario estaba en lo cierto: ahora el gobierno está sacando y quitando cosas al proyecto, generando indicadores para poder negociar el tema, entonces muchas cosas que decíamos que no nos escucharon resultaron ser ciertas.
El diagnóstico post-movilizaciones es más complicado, hay muchas versiones, pero dentro del Centro de Estudiantes pensamos que hubo dos momentos. Uno fue propiamente el de la toma, del conflicto y la negociación, donde hay un punto de vista más político, en que hay una manifestación profunda nacional que se entronca con la LGE, la educación de mercado, etc.; teníamos también un tema más de la Chile, el de la participación que se nos negaba y como nos desenvolvíamos como estudiantes; y un tema más local, como por ejemplo el endeudamiento. Recordemos que teníamos un petitorio común con la mayoría de las facultades, bien básico, y al no cumplirse ni siquiera ese petitorio llegó esta cuestión de la toma. Y lo que se hace después en la movilización es cambiar el petitorio porque estábamos en otro escenario, de conflicto y de toma donde debíamos planificar mejor nuestras negociaciones. Y ese proceso costó, porque había que aunar posiciones más radicales que se oponían al proyecto en cualquier forma, hasta aquellas que decían que había que aprovechar los recursos pero quitarles las consecuencias nefastas que tenían: el endeudamiento y el convenio de desempeño.
En el primer momento paramos las tomas, elaboramos el petitorio común y empezamos la negociación por las tres cuestiones básicas. Fue un periodo de mantener la organización interna de las facultades, las comunicaciones, y abrir un proceso de negociación, informal en una primera instancia, que se formalizó una vez que votamos el petitorio común, unas dos o tres veces, porque se hicieron cambios. Presentamos el petitorio y una semana después tuvimos el primer indicio de que íbamos a negociar, más allá del cambio de nombre a “mesa de conversación”. Nosotros dijimos que no nos bajamos hasta que se cumplan los petitorios, pero entendiéndolo como agitación, como algo distinto al análisis real que hacemos: agitamos eso, mientras elaboramos nuestros pisos y techos.
Entonces jerarquizamos los puntos más importantes, entre los Centros de Estudiantes y los compañeros que se estaban quedando en la toma, y allí decíamos que lo más importante era eliminar la contraparte y rediscutir ciertos aspectos del proyecto, y los otros puntos, como la participación estudiantil o el tema de los convenios de desempeño, quedarían en un proceso más de mediano y largo plazo. Por ejemplo, dijimos que el terreno de la Reina podía ser negociable con tal de que se cumpliera aquello; o el tema de la redistribución, que planteamos que debía cumplirse pero entendiéndolo supeditado a una discusión más profunda, con el Senado y el Consejo Universitario, que tenía muchas implicancias.
Los primeros días de la negociación fueron positivos, por ejemplo se cumplió de inmediato la comisión para rediscutir con paridad entre los estamentos. Pero empezó a haber problemas con los otros puntos, se rompió dos veces la comisión cuando no se iban mostrando avances, y cuando intentaron pasar a llevar el acuerdo al que habíamos llegado en primera instancia y que presentamos en las facultades, diciendo que había que adaptarlo o de lo contrario no pasaría en algunas facultades. Intentaron llegar con un acuerdo distinto al que habíamos logrado, y ahí rompimos la mesa.
Después, al armar el profesor Hidalgo, el presidente de la FENAFUCH y yo, una resolución de conflicto (Comisión de redacción de acuerdo final), esta fue aprobada y luego fue nuevamente cambiada, esta vez por Rectoría. Y obviamente era una estrategia de desgaste a nosotros que llevábamos tres o cuatro semanas en toma. Quizás en Sociales no se notó por lo menos hasta el mes, pero en otras Facultades había presiones muy fuertes con sumarios. Entonces ahí nace la idea de ceder en ciertas cosas, y de bajar las tomas para poder avanzar, que es lo que estaban demandando las autoridades.
Un Viernes entonces decidimos con los centros de estudiantes que todas las Facultades teníamos que bajarnos el día Lunes (Tras las fuertes presiones a ciencias y a sociales). En Sociales no hubo problema, en una asamblea masiva como todas las del período se decide bajarse, pero de partida algunas facultades hicieron sus asambleas el día martes; y fue determinante que el ICEI decidiera seguir en toma, porque se esparció el rumor, y Filosofía no se bajó, y así pasó con las otras salvo Ciencias. Esa fue la primera descoordinación, y Sociales tuvo que hacerse cargo de la responsabilidad del asunto entendiendo que era el que había coordinado la toma de facto, y tuvimos que empezar a dar declaraciones a los estudiantes en la Facultad.
Después de una semana en que hubo que dar explicaciones, y donde hubo una asamblea de campus bien complicada, hubo otra asamblea el Viernes, donde se reactiva la unidad de Campus y la negociación. Y después de algunos problemas se firma el acuerdo, ya después de seis semanas de movilización total, y con un tema conflictivo entremedio. Cuando íbamos a cerrar el tema, teníamos que firmarlo y empezó el problema por los funcionarios y la redistribución, y la reunión se alargó y nosotros como centros de estudiantes habíamos decidido en asamblea que si no nos respondían ese día nos retirábamos de la mesa y empezábamos a negociar particularmente con los decanos, y es así como nos fuimos tres centros de estudiantes y alrededor de tres o cuatro funcionarios, porque ya no había qué discutir. Eso causó resquemor aquí porque llegó la información de que el CECSo se había ido solo de la reunión, siendo que fuimos la mayoría, los demás se quedaron adentro pero sin ser una reunión formal.
Después de ese problema se retomó y llegamos a un acuerdo, y bueno, después viene la CGAA.
Eso no es cierto. La mayoría de los estudiantes vimos que se construyó una estrategia de discusión de los puntos conflictivos desde los primeros días de clases, entendiendo que aquellos propiamente de contenido no se resolvían en ese conflicto si no en una mesa de construcción del proyecto. Hicimos asambleas de carrera y curso, votamos cosas, hicimos una consulta estudiantil (N de R: consulta triestamental), un claustro, incluso una toma express donde hubo ciertos compromisos pero que fue más agitación por parte de las autoridades, no tuvo mayor contenido real. Todas esas instancias nosotros las concebimos como diálogo, y todos vimos lo que pasó en ellas.
Entonces, tenemos ese escenario por un lado. Por otro, el más interno, las conversaciones que como CECSo tuvimos con el Decano. Y un tercero era el tema de la CGA local, que fue la única Facultad que la tuvo dentro del Campus, pero ahí hay dos cosas. Esta nació como propuesta del Centro de Estudiantes en un Consejo de Facultad. Y en segundo lugar, dentro de esa CGA local nunca discutimos el proyecto en sí, nos dedicamos solo a resolverle los problemas a los decanos, “tanta plata por acá y por allá”, y entremedio conflictos como el edificio de Psicología, el museo de Antropología, o el perfil en Sociología, donde logramos implantar el tema de que la construcción del perfil local tenía que ser un proyecto comunitario, de toda la Facultad, no sólo de algunas carreras.
Luego, esos tres escenarios de diálogo se agotaron: después del claustro sacamos el boletín con la cara de las autoridades como faraones, pintamos carteles con compañeros, y nunca más nos respondieron. Entonces teníamos que paralizar o tomar, y ahí la decisión la tomó la asamblea, con un quórum que deja claro cual era el ánimo de la Facultad más allá de lo que pueda imponer el CECSo: al fin y al cabo, cada estudiante es un voto, por lo tanto yo no se si un Centro de Estudiantes es capaz de imponer una decisión.
Por lo tanto, la frase del Decano es una exageración". Difícilmente se podía resolver en 48 horas cuando por parte de él nunca hubo iniciativa de acercamiento, sabiendo que los temas estaban candentes: en cambio, nosotros nos acercamos a él y a todas las autoridades, en todas las instancias.
El Centro de Estudiantes debe tener posición siempre, sino es sólo un administrador de asuntos estudiantiles. Nuestro análisis era que, si había toma de Facultad, había toma de Campus, porque el problema no era del Decano de la Facultad, sino que como Campus podíamos lograr objetivos un poco más altos, ya que a nivel de Universidad era casi imposible, no teníamos la capacidad de incluir a todas las facultades en este asunto. Ese diagnóstico no nació espontáneamente, pero a la hora de discutirlo también salió en las discusiones de curso y carrera. Nosotros dijimos que había que bajarlo a los cursos, y allí discutirlo más detenidamente, y la misma asamblea fue la que decidió votar inmediatamente el tema de la toma.
Entonces, hay que entender bien eso de la relación base y dirigencia, no puede pensarse de manera burda, que si una decisión no surge espontáneamente no es democrática. Un Centro de Estudiantes tiene que tener iniciativa política, porque para eso es una organización con un sentido y contenido político. Y la relación con las bases tiene que ser la mejor posible, para que la dirigencia no las pase a llevar y que tampoco estas se queden inactivas como ha pasado en esta Facultad en otros años.
Dentro del contexto del Proyecto Bicentenario es una cuestión muy necesaria, e incluso abstrayendo este contexto es necesario hacer alianzas con las demás facultades. El tema es que esos vínculos tienen que dejar de ser de las dirigencias, para nacer de una expresión colectiva del Campus, como necesidad organizativa de los estudiantes. El 2007 existió una Coordinadora que para la mayoría de los estudiantes fue desilusionante, porque no tenía razón de ser, y nunca tuvo efectividad, se discutieron múltiples temas y no se llegó a nada; su estatuto se discutió 4 o 5 veces y al final lo que pensamos los estudiantes es que fue solamente una plataforma electoral. Con esos antecedentes se hace difícil encontrar la fórmula organizativa para el Campus.
Lo que tenemos claro es que somos un Campus unificado territorialmente, y somos Facultades de la Universidad de Chile, que siempre discutimos temas universitarios y nacionales. Por esas dos razones es necesaria la unión entre las facultades; el tema de cómo realizarla, con qué estatutos, y el momento en que esto se haga, tiene que salir de la misma necesidad del Campus. Hoy día, en que nos supimos coordinar de mediana forma para la toma, y de mala manera para el replanteo de puntos en la CGAA, es que necesitamos la coordinación de campus, y por eso el CECSo ha venido gestionando, aprovechando la coyuntura de la represión dentro del Campus para articular un trabajo en común dentro de este, y generar más concretamente de aquí a fin de año un proyecto de Campus para el 2009.
Pienso que se llevó a cabo de manera muy nefasta. En el momento podía ser hasta divertido, pero trajo múltiples implicancias: fue un aspecto más para ganarnos la enemistad de algunas autoridades, y ahí se puso de moda el tema de las cartas, y eso nos jugó en contra. Ese mal actuar fue, en cierto sentido, justificado: nos dejaron afuera, incluso llegaron los pacos, en general se armó todo un sentimiento de ofuscación en torno a las autoridades que nos habían cerrado las rejas de la Casa Central. Todo eso jugó para la euforia, pero concretamente yo creo que se sobrepasaron los límites, hay que reconocer eso y ser autocríticos nosotros como dirigentes por no poder controlar esa situación.
Lo que hacíamos era agitar un conflicto, no un desorden. Yo volvería a funar si fuera necesario, pero no de esa forma, tendríamos más capacidad para controlar la situación. No tuvimos esa capacidad, pero eso no significa que intervenir en el Consejo Universitario para plantear nuestros temas sea violento en sí mismo.
La FECH como estructura debe tener un rol articulador relevante. Cuando estábamos terminando la movilización, uno no puede negar que también nos ayudó, para darle un toque de institucionalidad más general con respecto a las movilizaciones de la Chile. Pero lo que no hubo nunca fue entender estos conflictos como parte de uno solo, y eso no es solo culpa de la Federación, aunque si tiene harta responsabilidad. Como Campus teníamos la necesidad de involucrar a toda la universidad, y lo intentamos hacer, tuvimos buenos aparatos comunicacionales, incluso salimos en algunos programas de radio. Pero en la articulación más política, en donde juega un rol fundamental la dirigencia de la FECH, creo que no se logró. Aunque no diría que la Federación es la culpable de eso, sino que es el ánimo más profundo de la real fuerza que tienen los estudiantes de articularse frente a proyectos más macro. Ese es el real problema, y ahí la Federación juega un rol fundamental.
Maximizar conflictos nacionales, y después traspasarlos como victorias, es seguir en esa lógica de funcionamiento, que termina provocando que los compañeros se cuestionen “por qué voy a ser solidario con JGM si su problema es local”. Tuvimos como 5 plenos discutiendo eso, en plenas movilizaciones, en los que no hubo quórum, y no se pudo votar un petitorio común. Entonces, ¿cómo hablamos de movilización nacional, si no tenemos quórum en 3 o 4 plenos, o si votan apenas 2000 estudiantes para el Senado Universitario? ¿Qué está pasando a nivel estudiantil que no hacemos las cosas bien? En eso juega un rol la Federación, pero también la mayoría de los compañeros que intentamos aportar en algo a esta organización, y a esto me refiero principalmente a los que intentamos cambiar las lógicas actuales de la educación y el país.
Haré un diagnóstico más despersonalizado del asunto. A pesar de que no ganamos la totalidad del petitorio en la primera negociación, si nos ponemos a revisar el petitorio detalladamente ganamos la mayoría de los puntos. Todos decían que fue aceptable, una ganada no es tampoco un “triunfo” en el sentido de cuestionar el fondo del asunto, pero si pudimos ganar un petitorio, si la toma sirvió de algo fue para ganar una rediscusión del proyecto y su presupuesto. Las consecuencias con el tema de los académicos fueron nefastas, y es un tema que hay que analizar, que también nos juega en contra, pero hubo un segundo momento en que ya no era diálogo, era la rediscusión del proyecto en sí y como aportábamos a eso.
Pienso que ahí el primer problema fue el de la elección del delegado, donde hay varias cosas que hemos aclarado y no se han entendido o no se han querido entender. Nosotros como Centro de Estudiantes en la mesa de negociación planteamos “que vayan académicos elegidos por votación”, y no a dedo por las autoridades; luego el profesor Hidalgo planteó que todos los estamentos sean elegidos democráticamente (Voto universal y secreto). Como CECSo comentamos el asunto y dijimos “nosotros somos un Centro de Estudiantes elegido democráticamente, por voto universal y secreto, por lo tanto cumplimos con el requisito”; todo eso dentro de una conversación informal. Luego pasó una semana entre el fin del conflicto y la conformación de la CGAA, y había que elegir delegados, y seré honesto: yo realmente asumí que era así, que como CECSo teníamos que ser ratificados solamente ya que ya habíamos sido elegidos por voto universal y secreto, y por lo tanto éramos representantes legítimos, con quórum, etc.
El tema es que nunca nos contactamos para realizar esto, lo que trajo el problema con la Vicedecana, que mandó un mail exigiendo que eligiéramos un delegado, y la contestación no fue muy diplomática que digamos, pero fue diciendo que éramos representantes electos democráticamente. Después yo converso con Pancho de Periodismo (N. de la R: Francisco Figueroa, presidente del Centro de Estudiantes de Comunicación), y le pregunto si van a elegir porque están diciendo que van a elegir todos, y me dice que si, que van a elegir.
Llamamos a una asamblea el Lunes siguiente para plantear el tema, y hubo una confusión que pienso que fue muy intencional, y ahí se armó el conflicto para adelante: nosotros planteamos que había que ratificar, para generar un consenso y evitar que esta cuestión se electoralice. Ahí planteamos los métodos, proponiendo que fuera una elección donde cada delegado llevaba los votos, se lo pasaba a los estudiantes y ellos lo pasaban a dejar en una urna. Y es curioso, porque estaba el 90% de los delegados, entre los que están todas las organizaciones políticas y estudiantes independientes. Entonces planteamos que había que elegir democráticamente, y si no había otro candidato se ratificaba al CECSo ya que este era representativo. Y ahí se pusieron de moda los mails con las peleas, bien infantiles, que lo único que hacen es transformar la organización estudiantil en un chiste.
Luego sigue el proceso de elección con problemas: que no se cuenta un voto, que después se cuenta, que la Vicedecana, que la intervención, otro problema más, etc. Y como CECSo decidimos que no íbamos a seguir prolongando esta situación, que habían sido muy denigradas las organizaciones estudiantiles en general, que nos retirábamos de la elección, y que Pablo Soto fuera el delegado de la CGAA, porque en realidad lo que él iba a ser era representar a los estudiantes.
Yo creo que se entendieron dos cosas mal. En primer lugar, se vio como instancia para levantar un proyecto político respecto a la manera de conducir una negociación, lo que creo que es un error porque es un delegado mandatado, que el contenido de sus discusiones estaba 100% ligado a lo que dijeran los estudiantes de la Facultad, por lo que lo único que tiene que hacer es llevar la voz de los estudiantes, tal como lo hicieron compañeros de Ciencias y Filosofía, donde mientras los estudiantes no plantearan posiciones más o menos claras no se planteaban posiciones o contenidos, salvo cosas que ya se habían discutido antes en el proceso de la toma, como las coordinaciones de pedagogías, o el centro de estudios interdisciplinario.
Y en segundo lugar, no se diagnosticó que esto era una continuación directa de la movilización. Era una instancia política desde el principio, donde se discutían posiciones de las autoridades y de los estudiantes, por lo tanto la misma necesidad de presionar y conversar tenía que ser de la misma manera. Y se perdió mucha iniciativa, de partida entre de los Centro de Estudiantes que estaban dentro y los delegados hubo una nula coordinación, nosotros intentamos dentro de lo que podíamos, pero no podíamos con todo. Nos juntamos con Pablo y los que querían plantear acciones en un grupo de trabajo en la Facultad, diagnosticamos, buscamos generar una estrategia de discusión, pero todo se entroncó con la época de fin de semestre y vacaciones: la discusión más contundente fue en la semana de exámenes, y la votación fue en vacaciones, entonces nos era imposible al Pablo o al CECSo discutir a fondo lo que pasaba allí. Yo le planteé esto muchas veces al Pablo y a muchos compañeros, que yo sabía la posición que iban a tener los Decanos: dejar discutir todo el tiempo, y a último momento, en vacaciones, pasar la máquina, y así pasó, vino la Consulta y 3 Facultades no pudieron votar de la mejor manera. Además, los decanos se reunían aparte; ellos casi no iban a las reuniones de la CGAA, mandaban a otras personas o a los delegados académicos. Eso significaba algo, y eso no se analizó, se perdió iniciativa y no hubo coordinación. El Pablo solamente se coordinó con el CCEE de Periodismo, y sirvió para plantear nuestras posiciones, pero no para una posición general de Campus.
Otro error es que, dentro de los delegados estudiantiles, Pablo fue el que más faltó a la CGAA, con lo que hubo discusiones que se perdieron. Por ejemplo, el que hubiese consulta local, se discutió y se dijo “la única facultad con CGA local es Artes, ya que Sociales no está”, y ahí hubo que hacer todo un embrollo para poner en la tabla el tema de que tuviéramos consulta local, y eso está en acta.
Esas fueron las condiciones. Más que él como persona, porque se que es un dirigente con experiencia en cargos y negociaciones, fue el diagnóstico que se hizo de la situación y las condiciones, un problema de análisis y acción. Nos pusieron una consulta local en vacaciones, y yo no se cual es la posición real de las autoridades de legitimar un proceso así. Si ellos nos reclaman que a nuestras asambleas van como 100 personas siendo que somos 800 o 1000, ¿cómo legitiman algo con 6 personas? Ahí hay contradicciones por parte de las autoridades.
Puede ser una desventaja el hecho de que estemos casi hasta la coronilla con el Bicentenario, sobretodo porque es complejo armar una estrategia de discusión con contenido real, que permita tener posiciones respecto a planes de mejoramiento con puntos de vista más técnicos y con muchos detalles.
Y yo pienso que la discusión es posible sólo si la articulamos con las otras posturas que tenemos circulando, que son el tema de las mallas, el tema del MECESUP. Porque en términos concretos tú no puedes poner a discutir en un curso tres veces lo mismo. Al final es lo mismo, lo que se discute en MECESUP (que es innovación curricular), el proyecto bicentenario, y el tema de acreditación. Hay que buscar la mejor manera de poder aunar todas esas materias. Necesitamos la capacidad de elaborar una estrategia de difusión más o menos contundente, y yo pienso que tenemos que empezar a tenerla ahora y poder tener iniciativa, por qué, como yo plantee al principio, el proyecto todavía no se firma, y mientras no se firme, no se va empezar a discutir formalmente esta cuestión.
Nosotros tenemos que ver la mejor manera de diagnosticar cómo está el ambiente de discusión, si discutimos cuestiones tan contundentes o tan profundas que yo pienso que podemos hacer si nos coordinamos bien, si coordinamos bien a las carreras, a los centros de estudiantes por carrera, es posible generar discusiones preliminares, y después de las discusiones más profundas o más conflictivas se llaman a votación los cursos. Además pienso que nosotros tenemos muchos insumos, que hemos ido acumulando a través de nuestro proceso de difusión como facultad, reuniones como facultad, los claustros que hemos tenido, la evaluación de petitorio, que nos permiten tener un diagnóstico un poco más acabado de lo que queremos como facultad.
O sea en los planes de mejoramiento se va a decidir no sólo los destinos académicos de la facultad, sino que cuestiones tan puntuales como infraestructura, necesidades de bienestar, etc. Entonces tenemos que armar las instancias de discusión y ponernos las pilas también como delegados y centros de estudiantes por carrera. Claro, porque una de las cosas que transformó el estatuto (tener centros de estudiantes por carrera, tener delegados), era un poco hacer más participe a los estudiantes, por su delegado de carrera, y también funcionar como un soporte organizativo.
Lo que debiera hacer el centro de estudiantes para poder discutir esto, es generar pautas de discusión; incluso en la asamblea que hubo, generamos pautas de discusiones para otros temas. Ahora, hay que generar pautas de discusiones para esos temas como el MECESUP y Bicentenario (para empezar a discutir), y ahí necesitaremos, principalmente, la coordinación con las carreras.
Temas básicos, para tener en cuenta... ¿cómo diagnosticamos lo que está pasando ahora con carreras que no van a tener cursos, como psicología, por lo menos, desde tercero? ¿cómo lo hacemos, por ejemplo, para votaciones extraordinarias? cosa que se ha hecho de facto como cuando dijimos vamos a votar por carrera. Eso en los estatutos no sale.
Todos esos puntos los queremos ver, y esto no es una estrategia como se planteaba, para hacernos los tontos con que hay menos participación o más participación. En términos generales, dentro de los estudiantes -por mucho que se da una facultad avanzada en términos de participación y organización- nuestro nivel de organización estudiantil no es muy distinto a lo que se presenta en otras facultades. Acá hay estudiantes más ideologizados, más intelectualoides, que hacen ver muchas veces un sobrepolitización que no es tal.
Como dije, nosotros no somos muy distintos a otras facultades. Es la condición del movimiento estudiantil. Pero hay que entender que la participación, como decía el compañero en la introducción, va más allá. Hay organizaciones sociales que se están nucleando con mucha más gente, sobretodo con iniciativas más estudiantiles y académicas, que se fueron nutriendo con gente de organizaciones que han ido planteado otros puntos, por ejemplo discusiones que tienen que ver con seminarios y foros, que han tenido repercusiones.
La participación masiva de los estudiantes, no solamente se da en las asambleas -ese es un punto importante y hay que tener cuidado con eso- porque nosotros podíamos haber dicho fácilmente cuando teníamos una asamblea con 400 persona, que teníamos la mejor participación de Chile, podríamos haber dicho eso, pero nunca lo dijimos porque sabemos que es una coyuntura, que no podemos por una coyuntura diagnosticar una serie de condiciones que determinan el movimiento estudiantil hoy día.
Yo creo que la toma tuvo consecuencias en la relación con los académicos. Tuvo consecuencias, pero no es una relación directa con la poca posibilidad que han tenido los estudiantes por carrera para generar participación. Esto no tiene que ver con que hoy día se esté negando cierta participación en algunas carreras, o que en otras no haya participación dentro de las instancias de decisión. Yo si puedo decir que hay académicos que no quieren participar, pero en realidad las discusiones las conduce un director de un departamento, y si quieren o no participar en discusiones, si quieren que haya discusiones con la unidad estudiantil, eso los deciden los directores de departamento.
Y yo haciendo un diagnóstico te puedo decir que se quebraron ciertas relaciones pero hay que depurar el análisis. Por ejemplo, cuando se habla de que se quebró la comunidad en la facultad nos debemos preguntar ¿alguna vez realmente ha existido comunidad en la facultad?, yo fui dirigente de antropología, fui vocero del centro de estudiantes de antropología, y fui testigo de cómo dentro de una misma carrera, dentro de los mismos académicos, incluso dentro de la misma mención, se peleaban, y el centro de estudiantes de antropología tenía que ser el mediador de los conflictos. Nosotros teníamos que estar en las reuniones de los claustros. Cuando se ponía a pelear un profesor con otro teníamos que mediar la discusión, conducir la discusión. Porque se ponían a pelear los arqueólogos con los antropólogos; los antropólogos físicos no iban... etc. Si tú miras, dentro de los departamentos siempre hay núcleos, en sociología pasa lo mismo. Con psicología pasa a ser una relación más indirecta -no conozco mucho lo que pasa ahí en lo académico; quizás está un poco más elevado de nivel, en la calidad de lo académico. Y en educación también pasa lo mismo. Si incluso la relación con los mismos funcionarios por parte de los académicos demuestra que no existe una relación de comunidad.
Entonces, la toma tuvo consecuencias, pero no podemos decir hoy en día que los académicos no quieren participar con nosotros, porque tampoco es tan así. En realidad, si uno ve realmente las consecuencias nefastas que puede tener una toma, hay que un poco volver atrás en cuáles han sido las reales consecuencias que ha tenido la toma. La discusión política no se ha suspendido, los estudiantes siguen participando en sus iniciativas, y los delegados siguen su trabajo, eso de la destrucción de la participación es una exageración sin un correlato práctico.
Pienso que no rompimos o generamos una ruptura a nivel de la organización estudiantil por la toma, o a nivel de comunidad. Son las consecuencias inesperadas de todo este asunto, nadie buscó tener un conflicto con los profesores. Hubo académicos que estuvieron y que por lo menos participaron directamente, que asistieron a algunas reuniones con nosotros. Llamamos a reunión, hicimos 2 llamados, y algunos llegaron y otros no, lo hicimos abierto y discutimos con profesores, llamamos a ex alumnos para que discutieran con nosotros y eran ex alumnos que estaban a favor y en contra de la toma, inclusive estuvieron con nosotros profesores en contra de la toma. Incluso Redondo se vino a pasear a la toma un día que hicimos un foro sobre la LGE.
Los profesores obviamente vieron un proyecto que ellos encontraban que no se les podía escapar. Aparte encontraban que los estudiantes estaban siendo tan incoherentes, tan irracionales, que estaban haciendo escapar las oportunidades de tener más dinero. También pienso que tampoco se puede medir en correlaciones de fuerza, porque a diferencia de nosotros los estudiantes, los académicos no están organizados, la organización que tuvieron fue meramente una negación a un conflicto en el que vieron amenazados sus intereses. Quizás en algunos momentos hubo realmente capacidad de organizar su posición, pero no como actores en el conflicto, no como fuerzas. En realidad no hubo una organización de académicos, o sea aquí no hay académicos contra estudiantes. Los estudiantes no nos organizamos para pelear contra los académicos, y muchas veces ni siquiera vamos a pelear contra la autoridad. Aunque la mayoría de las veces pase así.
Hubo consecuencias, eso no es posible negar, y ahora puede ser más difícil llegar a controles, quizás ya no vamos a poder golpear la mesa tan fácilmente, pero de que le echemos la culpa a la toma de que hoy día no tengamos nada, yo creo que eso es una exageración, porque eso no es tan así. Muchas veces la culpa es de nosotros los estudiantes, que no cuidamos nuestra organización, que parasitamos espacios: por ejemplo, en antropología, el 2007 éramos un centro de estudiantes que convocó a muchos estudiantes, o fines del 2006 que nos vimos como un ejemplo para la reestructuración y organización de otras carreras; ganamos por ejemplo un consejo directivo que era decidir entre estudiantes y académicos: centro de estudiantes, director de departamento y encargados de área, los destinos del departamento, en términos de financiamiento, ordenamiento de los ramos, de profesores. De haber tenido iniciativas en términos de organización a nivel de carrera, hoy tenemos muy poco. Entonces, no podemos echarle la culpa a la política, a la toma o a los métodos, los que construimos somos todos.
Yo no sé lo que pasará en las otras carreras porque no tengo una posición tan cercana, es la carrera que yo conozco, más encima 2007, 2006 yo fui dirigente de la carrera y sé lo difícil que fue ganar esas cosas, y que también hubieron peleas, que hubo coscachos y no todo fue cafecito y conversación. Si hay algo que tenemos que construir los estudiantes en la facultad, y tenemos que tomar la iniciativa en eso, es una comunidad. Y quizás esta iniciativa que estamos teniendo ahora, la iniciativa que tienen ustedes, yo creo que aporta mucho a esta facultad. Pero también tenemos que saber aportar a través de las organizaciones políticas. Y que ojalá mejoren las próximas elecciones, porque lamentablemente en las elecciones del año pasado hubieron contra campañas, dimes y diretes por todos lados. Ojalá que este año no se profundicen los jugos que se han venido dando en los mails que lo único que hacen es destruir lo que hemos logrado como estudiantes.
Mira, yo pienso que es la manera de comprender un poco el concepto de participación lo que puede marcar la diferencia. Haré un análisis un poco más profundo de niveles, hacia una mirada más estratégica, que está en el problema de la participación en la universidad. Por ejemplo, como dije hoy día, para medir participación, si queremos tener indicadores de medición de participación, es necesario sobrepasar o superar la mirada unilateral de lo meramente cuantitativo. Si lo medimos como un indicador cuantitativo, lo único que vemos es que mientras más gente -por ejemplo- vaya a una asamblea, hay más o menos participación.
Eso más bien es quedarse en el sentido común. E intentar superar esto es una cuestión que marca la diferencia por lo menos desde este centro de estudiantes. Construir organización y participación es una consigna que hemos intentado en cada paso que damos transformarla en algo concreto, pasar de los panfletos, del boletín a una participación real en todo los niveles, multiplicar iniciativas y proyectos.
En esta facultad no podemos medir sólo la participación a nivel de la asamblea, aunque muchas veces da gusto ver una asamblea llena, muchas veces uno se desilusiona cuando ve una asamblea vacía. Pero, por ejemplo, qué pasa con las organizaciones sociales que se han incluido, por ejemplo Wikisociales, que no nació hace tres años… y lo hizo ahora por -como plantean los compañeros- una necesidad particular de los estudiantes, en términos de crear comunidad. Entonces, ¿cómo medimos los niveles de participación que hay alrededor de las distintas iniciativas estudiantiles, por ejemplo centros de estudios, revistas, pegas en educación popular en poblaciones cercanas a la facultad o en el mismo campus? Eso muchas veces no se mide en los análisis, o sea ése tipo de participación que es la mayoritaria, que es la que construye no se mide.
La participación en sí con respecto a la problemática de la educación no es sólo la LGE, no es sólo el crédito, la problemática de la educación no es sólo una cuestión que se vea cotidianamente. La relación que tiene un proyecto bicentenario, que es una cuestión que se veía muy acotada, muy gremial, tenía todo un sin fin de política educativa.
Todas esas cosas es lo que nosotros queremos hacer con una verdadera política de participación: que esta no sólo sea que tres, cuatro veces al año se vote, o que cuando llamemos a una asamblea y venga gente. Yo he estado en muchas asambleas donde viene gente, y las únicas personas que hablan o plantean su posición son “los políticos” y esto se replica en los cursos. El argumento que se utiliza es muchas veces que pasar de la asamblea de facultad a la asamblea de curso es que la gente en los cursos podía hablar más. Y puede ser que sea así. Pero tampoco es que realmente ese sea el objetivo de pasar asambleas de curso sino que nosotros pasamos asambleas de curso porque es un ejemplo de inserción, la solución. Entonces, este centro de estudiantes plantea que las asambleas de curso son las principales, bien porque la mejor manera de pensar la reconstrucción del movimiento estudiantil es a través de lo que realmente se discute en las cosas cotidianas. Y ahí realmente es donde nosotros pedimos participación, como los compañeros que hoy día se sumaron a esto, mañana se suman a esto también. Yo les podría decir que teníamos a 300 estudiantes en la toma en los primeros momentos, después fuimos bajando como es natural. Pero yo tampoco decía, "tenemos una situación ejemplar, tenemos a 300 estudiantes participando", porque yo sé que muchos de esos estudiantes, de esos compañeros, en una año más o también ahora en las discusiones más lateras que tenemos que tratar quizás ya no estén.
Entonces eso no es participación, lo que tú debes medir es la construcción que tenemos como estudiantes, guiados por un proyecto de transformación. Es un proyecto de transformación desde el punto de vista de los estudiantes, es decir, cuánto somos capaces de avanzar en niveles organizativos y en niveles reales de los análisis que estamos haciendo, o sea, que cada estudiante sea conciente no sólo de realizar algo o de opinar una cosa porque mi delegado de curso me dice que tenemos que hacer una asamblea o porque tenemos que ver este asunto con el profe, sino que asuma su condición como un actor relevante e importante en su constitución como profesional y también como persona.
Sobre hacer política en la universidad, es algo que siempre nos preguntamos sobretodo cuando uno cree que avanza, pero no avanza mucho. Hay algo que he conversado mucho, y es que lo único que ha hecho el movimiento estudiantil en este periodo, en términos concretos, ha sido perder, y cuando ha ganado también ha perdido, porque en realidad los créditos se lo llevan el gobierno o empresarios. Al final los poderosos nos tienen la ventaja en términos amplios a los estudiantes y al movimiento popular en general. Entonces, ¿por qué hacer política en la universidad?
Creemos que el joven como estudiante es un actor relevante para el cambio en nuestro país. Siempre van a estar ahí. Sin ir mas lejos, en Chile, en procesos mas álgidos de movilización social, los estudiantes han sido protagonistas. Hay teóricos, y profesores acá también que plantean que siempre la alianza mas estratégica fue entre trabajadores y estudiantes. Y yendo un poco mas lejos, en la Revolución Cubana, en su primer momento de construcción política, estuvieron los estudiantes. Ellos pusieron un presidente en el '40 que fue un profesor de la Universidad de la Habana. Fue todo el movimiento estudiantil que nucleó un proceso de transformación que fue incluyendo a los intelectuales, a los académicos, campesinos, trabajadores, que provocaron un cambio radical en un país que sigue siendo un ejemplo, por lo menos para mi, de organización social.
Ahora ¿el por qué? No sé si esa consigna que tenia Allende era real o mas bien agitación, sobre eso de que los jóvenes son biológicamente mas revolucionarios o no. Pero si predisponen un sentido de cambio distinto. Y además, al mismo tiempo en nuestro espacio mas inmediato necesitamos transformaciones. Nos encontramos en una trama de relaciones de todos los tipos, y somos potencial actor de cambio, junto con funcionarios, profesores e incluso muchas veces junto con autoridades, que no siempre van a tener un sentido negativo de por sí.
Por eso creo que es posible hacer política en la universidad. Ahora, yo entiendo, como análisis mas profundo de la situación de este país, que los estudiantes no van a poder cambiar solos la educación, ni tampoco con los profesores o los paradocentes, sino q la educación es un problema que trasciende los espacios donde se hace educación. La única manera de transformar esta situación es construir un movimiento que genere la necesidad de un cambio que no existe en Chile y después trazar lineamientos para transformar este país, que va a ser una necesidad siempre. Por eso es que yo incluyo a los estudiantes como parte del objetivo de la reconstrucción de un movimiento popular que sea capaz de nuclear todo eso, y los estudiantes tenemos que hacernos parte. Y los aportes que hagamos que puedan parecer ínfimos, en la facultad, aunque alguien la pueda ver como innecesaria, yo puedo apostar q es muy necesaria. Si rescatamos a 2 o 3 estudiantes por generación, a nivel de organización, estamos aportando harto.
Otra cosa: aquí muchos compañeros se jactan de que esta es una facultad de izquierda, que no hay ni Concertación ni Derecha. Ese análisis es malo, porque hay un problema muy grande para los estudiantes que nos organizamos y tenemos perspectivas de cambio, y es la gran apatía que hay en la Facultad, donde muchas veces cuesta organizar a los compañeros incluso para ganar cosas tan básicas como mejores condiciones materiales para la Facultad. Además, la Concertación y la Derecha podrán no estar en los estudiantes, pero están aquí arriba, y operan constantemente, aquí hay operadores de partidos, y aquí el conocimiento no se va ni hacia el cambio ni hacia el desarrollo del país, todo lo contrario, legitima el orden económico, político, social y cultural que tenemos hoy.
La neutralidad y la sobreideologización del conocimiento son dos extremos que en realidad no sirven de mucho. Pero de que hay criterios políticos en el conocimiento, los hay. El mismo hecho de que existan Centros de Estudios de distintos partidos es una manera de centralizar el conocimiento, de hacer que las ciencias sociales tengan objetivos determinados. Más aún, el hecho de que el conocimiento está dentro de un entramado de relaciones sociales y un contexto histórico, le da un criterio político.
El tema es que lo político se relaciona muchas veces a lo partidista y al Estado, y esas son desviaciones. Yo no voy a decir que el conocimiento en Sociales es de la DC (aun cuando la DC todavía controla algo de la Facultad, aunque se ha metido el PS por ahí), o que está al servicio de los empresarios y el capital, porque son cuestiones ridículas. Pero es un conocimiento pasivo, y que al tener esa pasividad contribuye a legitimar lo que existe hoy día, en parte porque el mismo sistema no necesita mucho de esta cuestión. Aquí la única cuestión que ha logrado tener alguna relevancia más política ha sido la OPECH, que no es neutral, parte de la base de que la educación hoy en día en Chile es nefasta y hay que organizar a los actores sociales para cambiarla, incluso ellos hablan de juventud popular, diciendo que tiene que ser protagonista del cambio en este país.
Yo pienso que hoy en día existe una ideología del “pluralismo”, detrás del cual lo que se esconde es un pensamiento único bien pasivo. Tampoco se trata, como se dice burdamente, de convertirnos en un instituto de marxismo o una ARCIS, cosa lamentable de ridiculizar por lo demás, porque es una lucha súper importante e indirectamente muchas veces la damos. Pero hoy el pluralismo real se distribuye en tanto hay posiciones políticas que se disputan cierto poder hegemónico en el espacio que es la academia. Hoy en día se ve un nivel de pensamiento último en que hay una pura visión, y por mucho que veamos marxismo, neomarxismo y todas esas cosas, no significa que estemos en el paraíso. Concretamente, ¿qué investigaciones son las que es posible indexar, que ganan FONDECYT, etc.? Es cosa de mirar y ver que ninguna de ellas o muy pocas tienden a contribuir a un proyecto real de desarrollo país. Ni siquiera hemos podido avanzar en esto en la Facultad, porque existe un “otro” que pide el conocimiento, que es el sistema de dominación en sí, y que no necesita a nuestras Facultades. Entonces, ese es un problema más profundo, pero ciertamente las ciencias sociales no son neutrales, incluso todos nuestros profesores, sean de la posición política que sean, nos van a decir eso los primeros días que vengamos a la Facultad. El tema es cómo lo abordamos, si vemos al conocimiento como un punto más, un espacio más, donde disputar transformaciones, donde disputar poder. Por lo menos yo lo veo de esa manera, porque está inserto en relaciones de poder.
En el último tiempo, han habido discusiones como campus en donde han salido múltiples cosas para discutir como estudiantes y como comunidad: por el tema de los guardias, de las amenazas a la autoridad, de los guardias que (...) sacan a la gente, que apagan las luces temprano. Todo eso viene de una discusión que ya se ha dado otras veces, con respecto al campus Juan Gómez Millas: cómo construimos un campus público, y partimos del tema de la convivencia, de la relación más comunitaria hasta, por ejemplo, un tema que también vimos a nivel del Proyecto Bicentenario, en la disputa de dos proyectos en la que confluyeron todas las posiciones políticas y todos los compañeros independientes, etc.
Existen dos proyectos de campus, primero, que se quería construir ya sea consciente o inconscientemente, que era un proyecto más de campus “gestionario" que no habíamos logrado acabar con eso; y segundo, un proyecto de campus que realmente era público, que va desde las bases, que iba a tener como director de campus a un gerente, partiendo de esas cosas que son más de nomenclatura, más simbólicas, pero que en realidad tienen por debajo o por detrás otro proyecto de campus.
¿Qué es para mí un campus con sentido público? Son muchos factores, muchas dimensiones. De partida, un campus público debe estar inserto en una universidad que sea verdaderamente pública, partamos de esa cuestión más básica, y realmente no vamos a tener un campus público hasta que podamos reconstruir o repugnar todo lo que tuvimos de público, desde el financiamiento, desde la academia, desde la aplicación y la extensión, pero entendiendo que podemos ganar eso. Un campus publico de partida, es un campus que respeta a todos los actores que están dentro del campus, o sea, desde los estudiantes, asegurando la posibilidad de que puedan estudiar, desde los trabajadores, acabando con la precarización laboral en el campus.
En ese sentido, yo pienso que es imposible concebirnos como campus público, si permitimos la lógica de flexibilización laboral y precarización de los trabajadores. Yo pienso que una universidad pública, no puede tener esas lógicas que han demostrado -que por mucho que tengan efectividad para disminuir recursos para poder tener una mejor inversión o mayores ganancias- la flexibilidad laboral, lo único que hace es precarizar las condiciones de los trabajadores.
Un campus así, que se dice público o que quiere ser público, no debería tener esas políticas laborales, partiendo del hecho de las mismas relaciones, o sea, yo pienso que muchas veces el hecho que se vea muy represivo el asunto del campus también parte del hecho de cómo se concibe todo este asunto; un campus que ve la lógica de los estudiantes, que se ven como estudiantes pero que al final pagan por su educación, entonces ellos lo que vienen a exigir es un buen servicio, entonces como es un buen servicio que hay que darle a los cabros, tenemos que tener seguridad, tenemos que tener guardias, para que ellos puedan tener un mejor servicio y puedan estudiar, etcétera. Toda esa concepción de partida no es pública, entonces hay que sacarla, porque nosotros no somos clientes, porque por mucho que se nos haya inyectado en el cerebro, que porque pagamos somos clientes, en realidad el hecho es que somos estudiantes, pero estudiantes que lo han demostrado, tenemos perspectivas de transformación y cambio dentro de las facultades y las carreras de la Universidad de Chile, y en términos concretos, por ejemplo, ahora había ese proyecto de empezar a reformular el campus con el tema de los guardias, la represión, nosotros planteamos lo siguiente: de partida, que los guardias tenían que tener un protocolo de funcionarios, pero tenía que ser discutido entre todos, que los guardias mismos para construir una convivencia con los demás actores, me refiero a todos los actores, no puede ser que los contratos de los guardias se renueve cada mes, ni siquiera que los contratos, sino que los guardias se renuevan cada mes. Eso es lo que pasa hoy día, los guardias se renuevan cada mes; eso de partida es una radicalización de la precariedad laboral, no puede pasar eso. Debe haber un protocolo de los guardias que nos permitan que más que guardias, sean cuidadores del campus. Por ejemplo, el guardia que está en sociales, es un guardia que es un cuidador, un guardia que está contratado. No sé cómo será su contrato, pero ha estado siempre o casi siempre, por lo menos el que se queda en la noche casi siempre, y no pasa eso con los otros guardias.
Ahora, también la responsabilidad que tenemos nosotros los estudiantes es un tema que cuesta mucho ponerlo en el tapete, que es el tema de los carretes ya extremos que se hacen acá en el campus; no digo el tema de tomarse sus chelas, de juntarse con sus amigos, sino que aquí han pasado hartas cosas, desde balazos hasta peleas, hasta accidentes. Y lo que pasa el día sábado, uno llega el día sábado al campus y es un desastre y los estudiantes no nos hacemos cargo de eso.
Juntos también tenemos que ponernos... y son, muchas veces, cosas más éticas que prácticas, o más pragmáticas, en el hecho de construir un tema campus. Pucha, también yo creo que un campus público no va a ser público hasta que recuperemos lo público que perdimos en la educación.
Bueno, ese es un tema muy importante que muchas veces se asume muy de sentido común. Aquí también uno puede caer en hacerle un poquito de crítica a la gestión (hablando del decanato). Sé que ha avanzado en términos de gestión, pero se ha quedado un poco en todos esos puntos y ojalá, le ayude una perspectiva, que muchos estudiantes tenemos en todo lo que es excelencia y la calidad. A mí en particular, no me gusta usar la palabra excelencia, creo que la mejor palabra es calidad; excelencia porque tiene múltiples implicancias, viene de una lógica del excelentismo... en realidad yo, no me gusta utilizarla así que voy a hablar de criterios de calidad básicamente.
De partida, si uno revisa los indicadores de calidad, de acuerdo a como se estructuran entorno a la acreditación, no tienen mucho de extraordinario. Si uno los lee, son cuestiones básicas, o sea, que una facultad esté equipada con computadores, que una facultad tenga estudiantes que sean más o menos bien evaluados, profesores que sean más o menos bien evaluados, todos esos indicadores son súper unilaterales. Hay muchos indicadores que se van mucho a lo instrumental. Finalmente, la calidad en educación hoy en día, sólo se mide de manera instrumental, y para eso se utilizan todos los sistemas de mediciones, sea el SIMSE, la PSU, etcétera. Hemos visto en concreto, que esas mediciones instrumentales, han sido un fracaso para medir los avances o retrocesos de la educación, o sea, cuando viene un informe de otro país y nos dice, por ejemplo, que la educación está muy mal, y vemos el día anterior al ministro de educación o al subsecretario diciendo que la educación ha avanzado, entonces hay un problema de concepciones. Por ejemplo, un último informe que salió, internacional, que planteó que la educación en Chile es totalmente privada, que no hay educación pública en Chile. Eso un organismo internacional, serio, con investigadores serios...
Entonces, cómo vemos que internacionalmente nos dicen eso, con ciertos indicadores llegan a la concepción de lo que es la educación y eso pasa porque en Chile, sólo se ocupan criterios unilaterales, o sea, criterios instrumentales que están hechos para decir que hemos avanzado en un campo que se basa en la competencia (...). Son indicadores que permiten, o dan hincapié en la competencia, porque se ve que la competencia puede generar mayores niveles de calidad y excelencia. Si yo pongo a competir universidades y les digo “estos son los estándares, y si no los cumplen los bajo de la carrera”, obviamente todas las carreras van a querer llegar a los máximos estándares porque... (es un caso ideal porque todos sabemos que entre medio de eso está la realidad, o sea, qué clase de sociedad quieren ellos). Y ahí empieza el escándalo, ¿por qué se han acreditado múltiples universidades y se han dejado fuera universidades como la UTEM?.
Bajando al tema de los académicos y de los estudiantes, ¿cómo yo mediría calidad? Yo le he discutido múltiples veces, lo he discutido con académicos, con autoridades, y es complicado el asunto porque, por ejemplo, para evaluarnos hay que tener múltiples dimensiones respecto a ese tema. Yo pienso que lo principal de todo esto, es que el profesor debe dominar los términos del contenido, debe ser capaz de generar un ambiente de discusión, de avalar preguntas y respuestas a nivel de estudiante y profesor. Para mi un profesor que domina unilateralmente la sala de clases, tampoco es un buen profesor, porque si no estimula que los estudiantes sean capaces de crear preguntas y respuestas hacia ellos mismos, tampoco es un buen profesor, por mucho que el profesor sea capo. Por eso, es necesario mezclar las dos cosas; tener conocimiento y saber expresarlo de la mejor manera a los estudiantes, y cosas más básicas como cumplir el rol del académico, tener ciertas herramientas pedagógicas. O sea, cuando han evaluado mal a profesores, es porque tienen poca capacidad pedagógica, poca capacidad de interactuar en la sala de clases.
Bueno, lo otro es que por el tema de la evaluación a los académicos, muchas veces ellos se ven envueltos en condiciones que tienden a disminuir el desempeño. Hay ejemplos claros y que pasa más con los profesores de colegios que con los de ambiente universitario, porque muchas veces los profesores se ven envueltos en ambientes de bajas remuneraciones, un ambiente hostil, principalmente los profesores que están en colegios marginales. Quizás eso no se reproduce acá, pero en particular en la universidad, hay factores que son en el mismo sentido, factores que son más que en la sala de clases, del ambiente. La relación que tienen los mismos profesores, particular al ramo, o sea, yo me acuerdo que discutimos un tiempo que para revisar una malla lo primero que había que hacer era colocar un (...) para evitar el desorden de la construcción curricular de una malla...
Y, ¿con qué otros indicadores uno mediría calidad? Una cosa importante que quería plantear, por ejemplo, muchas veces puede, y creo que el decano puede caer en eso, se cree que con que todos los académicos de acá, de la facultad, estén doctorados, vamos a tener mejor calidad. Yo pienso que eso es un error. Eso no quiere decir que no debemos tener académicos doctorados, pero nosotros no sacamos nada con mandar profesores a doctorados, si fácilmente un académico mal evaluado, puede ir a hacer un doctorado a Alemania, ¿por qué? Porque él tiene plata, porque la facultad le va a pagar, y no por eso va a ser mejor académico dentro de la facultad. Es una relación mecánica, que posee múltiples aspectos, y tiene que ver con la capacidad que tenemos como estudiantes de diagnosticar malas evaluaciones, pero no en el sentido tampoco del cliente. Muchas veces y ya como postura más personal, se nos ha atacado diciendo que nosotros sacamos profesores porque no nos está sirviendo, porque no nos está dando un buen servicio la universidad para mi formación. Nosotros como estudiantes debemos hacernos participes en la construcción de la academia, y es por eso que utilizamos las evaluaciones docentes. Por eso también nosotros tenemos en la evaluación docente, la posibilidad y necesidad de abordar, lo que nosotros vemos. Nosotros somos los principales veedores de lo que está haciendo un académico, o sea, es muy difícil que entre académicos se evalúen si están bien o mal, puede pasar; nosotros implementamos el 2007 una estrategia de evaluación, en donde los evaluábamos a través de cualitativa; a través de encuestas, se evaluaban ellos los pares y los evaluábamos el centro de estudiantes de antropología con la directiva, y veíamos profesor por profesor los más mal evaluados y conversábamos... nos permitía una evaluación con criterios distintos.
Por eso, yo pienso que tener criterios tan estandarizados, de que si tenemos 20 doctorados significa que tenemos mejor calidad que otra, que tenemos hartos profesores... yo pienso que muchas veces la calidad pasa por factores incluso más históricos, y de dotar de sentido crítico a los estudiantes, de cuestionar y saber responder a los contenidos que se nos enseña hoy en la sala de clases. No porque el profesor evalúe una cosa, significa que va a tener la razón; los estudiantes también deben tener una posibilidad de dotar contenido a lo que está estudiando.
Y ¿cómo vería la calidad de los alumnos? También puede ser el factor de las notas, pero yo no creo que sea el más adecuado si lo veo desde una perspectiva más profunda. También lo veo hacia atrás, en el colegio, o sea, los compañeros que tenían mejores notas respecto a los que tenían rojos; pero si lo medimos si lo vemos desde la perspectiva de un estudiante que es capaz de, también, lo mismo que los académicos pero hacia el otro lado, si es capaz de lo que le enseñan dotarlo de movimiento, de dinamismo.
Hay veces en que un estudiante, por muy buenas notas que tenga... aquí veamoslo en términos concretos, aquí la calidad hay que medirla y usamos muchos aspectos que son socio-económicos, puede haber un estudiante que venga de un colegio más popular y sea un buen estudiante, pero se ve entramado en una realidad que es más difícil, o sea, por buen estudiante que sea puede que no tenga las redes que sí posee un estudiante con más recursos, no tiene los contactos. La educación siempre ha reproducido las diferencias socio-económicas existentes, nunca las ha disminuido por el hecho de que su estructura, por el hecho de su función en la sociedad, haciendo que se reproduzcan las diferencias. Lo mismo se reproduce y lo vamos a ver constantemente, por mucho que hagamos cuestiones, por mucho que inventemos mecanismos siempre va a ser así. Entonces un estudiante que tiene muy buenas notas y un estudiante que no tiene tan buenas notas, pero que tiene plata, va a tener mejores condiciones, va a tener un mejor trabajo, va a ganar más; y el buen estudiante se va a perder muchas veces, excepto que sea capaz de... que tenga capacidades más extraordinarias para lo que va a hacer. Pero si seguimos creando criterios o estándares, reducir la calidad a lo métrico, es complicado. Yo pienso que un estudiante, que sea capaz de tener un rendimiento más o menos adecuado (si tampoco estoy diciendo que las notas haya que dejarlas de lado), con capacidad para dotar al conocimiento de movimiento, va a ser un estudiante con condiciones de vida, mejores que la de otros estudiantes. Tomando lo plano, o sea, abstrayendo la idea de que existen condiciones socio-económica, que determinan muchas veces lo que un estudiante es, o va a ser o puede ser, y es porque también los estudiantes de los estratos más bajos son de al rededor del 9%, Esta es una de las facultades más elitizadas, además de la Facultad de Economía y Negocios.
"De acuerdo a las perspectivas estrategicas de su proyecto, qué opina del acceso a la educación superior, educación y movilidad social, y del lucro en la educación".